¿Se habrán ustedes preguntado alguna vez por qué es necesario tener un ministerio hispano o latino en la Iglesia Episcopal? La realidad es que a través de los años esta pregunta me la han hecho muchas veces. ¿Por qué en vez de tener dos oficios religiosos separados, celebrados con dos idiomas diferentes, no pudiéramos tener uno solo donde todos estemos juntos, hispanos y anglos reunidos como buenos hermanos que somos? Pudiéramos cantar un par de himnos en español y quizás leer el evangelio en los dos idiomas.
Me aseguran que esta sería una manera más eficiente de unificar ambas congregaciones y que además el costo sería menor. Los que preguntan de esta manera juran y perjuran que en la Iglesia Episcopal no se discrimina a los hispanos, dicen que todos los latinos son bienvenidos a los oficios en inglés, eso sé, mientras que los niños no hagan mucha bulla y que las abuelitas latinas pongan en disciplina a sus nietecitos. Además ellos aseguran que el estar unidos así ayudaría a los latinos practicar el idioma inglés.
Les voy a decir por qué yo creo que están equivocados los que piensan así y por qué me parece a mí que el ministerio hispano es imprescindible que exista en nuestra Iglesia Episcopal.
Estoy convencido después de estar en esta viña del Señor por más de 30 años que el ministerio hispano de la Iglesia Episcopal es necesario porque nosotros somos la Ñ de la Iglesia Episcopal.
Sí hermanos escucharon bien, sin el ministerio hispano nuestra iglesia no tendría Ñ y la Iglesia Episcopal, parte de la Comunión Anglicana, necesita con urgencia tener esa Ñ.
Si nuestro ministerio con la Ñ no existiera en la Iglesia Episcopal ofreciéramos una cordial bienvenida a los panamenos, a los salvadorenos, a los hondurenos, a los puertorriquenos y los espanoles.
Sin nosotros las niñas de nuestra iglesia celebrarían sus Quinceaneras cuando tengan 15 anos.
Sin un ministerio hispano fuerte y dinámico nuestra iglesia perdería una de las oportunidades más grande que ha tenido en mucho tiempo de crecer.
Mis hermanos y hermanas esa oportunidad está ahí frente a nosotros pero esta oportunidad se hará posible solamente si llegamos al corazón y al alma de millones de latinos que hoy residen en esta nación americana.
Ellos están en busca de una iglesia con esa Ñ que les permita mantener su identidad y su espiritualidad en medio de una cultura muy diferente.
Mi pregunta es si podremos nosotros como episcopales enfrentar el reto que se nos presenta. Si uno mira la historia de lo que sucedió en nuestra iglesia a mediado del siglo pasado, comienzo a tener miedo.
Me parece que a veces la Iglesia Episcopal padece de miopía espiritual. En el pasado personas bien intencionadas, varios de ellos, vestidos de púrpura como la que yo uso, decidieron unificar a las iglesias negras que anteriormente se habían creado debido a la segregación racial y su fácil solución fue la de cerrar las iglesias negras y unificarlas con las iglesias de los blancos. El resultado fue un desastre total pues se perdieron muchísimos miembros de las iglesias negras que hoy en día ellos y sus descendientes asisten a otras denominaciones y no a la nuestra.
No era que a ellos no les gustaba estar con los blancos sino que se les pidió que sacrificaran su cultura y su forma de espiritualidad con una manera de adoración que no era la de ellos y valga decir que tampoco es la de nosotros.
En mi diócesis tenemos muchísimas iglesias negras aunque estas son de descendientes de personas nacidas en o descendientes de la Bahamas, Jamaica, Trinidad, Barbados y otros países caribeños. Lo que no abundan son los afro-americanos descendientes de los esclavos de este país.
Esa triste decisión que se tomó en el pasado quizás fue bien intencionada, y por supuesto si estaban los obispos involucrados fue con el santo deseo de ahorrar dinero. Quizás ellos buscaban la integración racial pero solo permitiendo continuar a las iglesias blancas cerrando la de los negros. Eso para mí no fue solo un gran pecado pero además fue uno de los muchos y grandes errores que se cometieron en el siglo pasado en nuestra iglesia.
Mis hermanos y hermanas no podemos permitir que esto llegue a suceder con el ministerio latino en nuestra iglesia. Hoy en día no solamente somos la minoría mayoritaria en Estados Unidos y aunque los latinos en muchos estados de la Unión Americana somos el grupo racial más rechazado y odiado de todos - no olvidemos que nosotros estamos aquí para quedarnos. Miles y miles de latinos hoy tocan a nuestras puertas y somos nosotros los que tenemos la clave para abrirla. Yo sé que con el tiempo nuestros hijos y nietos puede ser que prefieran iglesias donde se hable solo el inglés. Perfecto. Pero no olvidemos que siempre habrá una llegada constante de personas que necesitan una iglesia con Ñ y nosotros somos la Ñ de la Iglesia Episcopal.
Como diría el Padre Isaías, ese cura de Espana que sirve a los latinos de Atlanta, cada vez que ponen obstáculos a nuestro ministerio ya me tienen hasta el cono.
No quiero extenderme más pero que baste con saber que no fuimos llamados por el Senor pero en cambio cada uno de nosotros ha sido llamado por el Señor para servir esta iglesia que necesita una Ñ para atender a ese pueblo que Dios ama.
Yo le ruego a Dios que nos dé la fuerza y la sabiduría necesaria para seguir adelante en nuestra tarea evangelizadora.
Que nos permita continuar predicando y usando la Ñ, esa letra con peineta y proclamando el evangelio del Señor para que todo aquel que en él crea no se pierda sino que tenga vida eterna.
Amén