Galería de Fotos

Historia de la
Coalición de Episcopales Latinos

(CEL)

Una visión con una voz unida

Unidos para
  • Colaborar juntos: como latinos/hispanos
  • Promover liderazgo laical y clerical
  • Abogar por asuntos de justicia
  • Abogar por el clero latino episcopal
  • Apoyar al misionero oficial del Ministerio Latino/Hispano

Primeros pasos

     El nacimiento de la Coalición de Episcopales Latinos ha sido fruto de una larga gestación. Algo normal en el mundo hispano parlante.  El individualismo triunfa a la hora de lanzarse a empresas comunes.  No es de extrañar, pues, que los hispanos episcopales hayamos sufrido de este mal que nos es tan característico.   

     Según Butch Gamarra en el pasado los latinos de la Iglesia Episcopal se han encontrado en una situación desventajosa por no contar con una institución que diera fuerza y unidad al ministerio hispano.

    A principios de l980 se formó una organización llamada la “Consulta” para abogar por los asuntos de paz y justicia. Era una colación de organizaciones progresivas de la Iglesia Episcopal tales como: UBE (Union of Black Episcopalians), Integrity, EUC (Episcopal Urban Caucus), Episcopal Women´s Caucus, etc. La idea era y es que “la unión hace la fuerza”.  La consulta debutó en la Convención General de 1985 en Anaheim, CA.

     (La Consulta sigue fuerte como siempre y es una organización de peso e influencia en la Iglesia. Tienen un sitio web que vale la pena visitar.  Ahí están en listados los miembros de la Consulta.  Además, la Plataforma de la Consulta está en español e inglés en el sitio web.  La dirección es: http://www.theconsultation.org )

     En las reuniones de la Consulta tenían representación esos grupos de la iglesia, y a los hispanos no los representaba nadie oficialmente, hasta que Butch decidió intervenir, y en adelante siempre se le invitó como representación hispana.  Él representaría los intereses del pueblo latino y los esfuerzos del pasado por empezar una organización de episcopales latinos.

     Por fin, se formó un grupo de doce integrantes llamado Coalición Hispana de Episcopales: (CHE).  Y por lo tanto, fue una de las organizaciones que contribuyeron a la formación de la Consulta.  El nombre no gustó a otros latinos que empezaron a criticarlos como de tendencia política. Sin embargo, siguieron siendo la única presentación existente en la Consulta. Butch presentó en la Consulta a personas que luego han resultado ser influyentes, como: Robert Two Bulls del grupo indígena de la VIII Provincia; Anthony Guillén; Warren Wong e Hisako Beasley del grupo asiático etc.  Cuando el Obispo Presidente Edmond Browning fue elegido en 1985 pidió reunirse con el grupo CHE al igual que con los demás miembros de la Consulta. Pero, el grupo CHE, al fin, dejó de existir.

 Primer intento

     La Oficina Nacional de Ministerios Hispanos, convocó El primer congreso de episcopales hispanos, “con el propósito de celebrar la creciente presencia hispana en esta sociedad y en la Iglesia Episcopal de Estados Unidos, para acercarse al siglo XXI con un espíritu de interdependencia, mutua responsabilidad y autonomía”. Así dicen las cuatro primeras líneas del informe escrito sobre el congreso, que tuvo lugar en Camp Allen, Texas, del 29 de octubre al 1 de noviembre de l992, con una asistencia de 140 personas proveniente de 22 diócesis.

     Los objetivos de la reunión consistían en revisar los éxitos, fracasos y oportunidades del ministerio hispano, estudiar los modelos existentes de dicho apostolado y desarrollar nuevos enfoques, elaborar una visión nacional que alentara y revitalizara a toda la Iglesia en este campo, y, finalmente, establecer una organización nacional de episcopales hispanos que llevara adelante la misión en Estados Unidos.

     En la sesión plenaria del 31 de octubre un grupo de congresistas manifestó su alarma porque la comisión organizadora se había adelantado a redactar los estatutos de la futura nueva organización. Objetaban que los organizadores les habían presentado los hechos consumados y pedían que la naturaleza de la asociación fuera definida por el pleno y los estatutos redactados nuevamente por una comisión formada por el congreso. 

     Así las cosas el congreso decidió elegir un comité ad hoc de 22 miembros escogido en el acto y representando a las 22 diócesis allí reunidas. Al caer la tarde el comité presentó un borrador de los nuevos estatutos que no diferían mucho de los primeros. De esa manera se superó una crisis momentánea que alteró los ánimos de algunos. Se aprobó una visión de la Iglesia en el contexto del ministerio hispano, que rezaba de esta manera:   

     “Una Iglesia que celebre a Cristo como su Señor y salvador, comprometida a desarrollar modelos de ministerio autóctonos, unida, multilingüe, que incluya a personas provenientes de todas las razas y culturas, que responda a la diversidad cultural del pueblo hispano, una Iglesia en crecimiento que eduque, celebre y sirva y, en fin, una Iglesia profética que anuncie las buenas nuevas a través de sus palabras y acciones en medio del pueblo”.

     La visión también esperaba “la creación de ministerios representativos e inclusivos a todos los niveles del gobierno eclesiástico, el funcionamiento de un activo programa de mayordomía y evangelismo de impacto, y la capacitación de líderes de ambos sexos para los distintos ministerios de la Iglesia en el siglo XXI”. 

     El día de Todos los Santos, por la mañana, durante el desayuno, el comité presentó la última redacción de los estatutos: “¡La Organización Nacional Hispana de Episcopales era un hecho!”  (ONHE), así se dijo. El primado de la Iglesia, Edmond L. Browning, alabó a los presentes en la eucaristía encomiando los dones  que el pueblo hispano estaba aportando a la Iglesia Episcopal.

      Este Congreso, gestado durante la Convención General de Fénix, Arizona, cuando se vio la necesidad de tener una organización que funcionara independientemente de la Comisión Nacional de Ministerios Hispanos y de la Oficina Nacional para el Ministerio Hispano, fue convocado por canónigo Herbert Arrunátegui y el siguiente comité planificador: los clérigos James Hagen, Leopoldo Alard, Miguel Vilar, José Carlo, Luís Quiroga, Anselmo Carral, y los seglares Manuel Mesa, Francisco Laurier, y Carlos Zervigón.

     En este congreso se encontraba la flor y la nata del ministerio hispano de esos años. Se habían volcado grandes esperanzas y, sin embargo, apenas se logró algo de tanto esfuerzo. La ilusión de contar con una organización de episcopales hispanos se la llevó el viento. Algunos, que a las pocas semanas de recibir la noticia, solicitaron la membresía y mandaron la cuota indicada de inscripción para varios miembros nunca recibieron una nota, dando señales de vida. ¡Una gran oportunidad perdida! No cabe duda de que los tiempos no habían llegado a su plenitud.

Segundo intento

     En 2002, del 13 al 16 de mayo, se reunieron en Los Ángeles más de doscientos clérigos y laicos episcopales latinos bajo el tema: “Nuevo Amanecer: Desafíos y Oportunidades”.

     En el discurso inaugural, el obispo Leo Frade pidió: “Una organización eficiente e independiente que represente a todos los hispanos, a todos los latinos de la Iglesia, que nos permita duplicar esfuerzos y revalorizar la misión evangelizadora y la lucha social por los derechos de nuestros hermanos y hermanas latinoamericanos”.

     El último día, el discurso final estaba a cargo del obispo Wilfrido Ramos-Orench, quien alentó a los presentes a volver a sus respectivas diócesis con la idea de mantenerse unidos. “La unión de Hispanos/Latinos Episcopales – afirmó – no es una opción: es una necesidad urgente”.

     Ese era uno de los puntos clave de ese Nuevo Amanecer, la creación de una  organización de episcopales hispanos, semejante al UBE. Los participantes no querían perder la ocasión de que allí mismo se diera el primer paso de su realización. Pero no se dio. Así se perdió otra excelente oportunidad.

     Es evidente que la masa es algo amorfo. Si no hay un líder, o grupo de líderes, que dé orientación, todo quedará en voces y buenos deseos.

Nuevos tiempos

      En la reunión Immigration Summit, celebrada en el Franciscan Renewal Center de Scottsdale, Arizona, en abril de 2009, una de las conclusiones fue la evidente necesidad de que los latinos en la Iglesia Episcopal aborden asuntos de justicia e inmigración con una voz unida.

      La Rvda. Carmen Guerrero empezó a reflexionar sobre la decisiva ayuda que podría prestar en ese sentido una asociación de episcopales latinos: una coalición episcopal sin que forme parte de la estructura de la iglesia episcopal como organización. Tal organización colaboraría con y para la iglesia, pero tendría identidad independiente. Carmen y Silvestre Romero decidieron reunir un grupo de personas que pudiera dar los primeros pasos. Se invitó a más de quince. A todos gustó la idea, pero no todos pudieron asistir a la primera reunión.

      Mientras tanto, Carmen asumió la tarea de hablar con algunos líderes de UBE y leer sus estatutos para usarlos como guía en la formación de otros para los hispanos. A medida que escribía enviaba el resultado a Isaías Rodríguez para que éste lo revisara. Después de bastante trabajo, se contaba ya con el primer borrador que rezaba así. Sindicato de Episcopales Latinos, con la sigla SEL.

      Se acordó tener la primera reunión en el centro franciscano de Scottsdale, Arizona. El 21 de septiembre de 2009, a las nueve de la mañana se reunieron: Enrique Cadena, Butch Gamarra, Anna Lange-Soto, Carmen Guerrero, Isaías Rodríguez, Silvestre Romero y George Sotelo.

     Carmen Guerrero fue la anfitriona y facilitadora de la reunión, que empezó con una oración dirigida por Butch Gamarra. Luego se realizó un pequeño ejercicio llamado “la plática” que ayudó a los presentes a reflexionar sobre la empresa que iban a iniciar.

      Una de las primeras decisiones fue el cambiar el titulo de la organización, ya que, según algunos, la palabra “sindicato” ofrecía connotaciones desagradables. El nuevo nombre sería Coalición de Episcopales Latinos (CEL).

      Los presentes tomaron turnos en la lectura del borrador de los estatutos existentes, y al paso de la lectura, se corregía el texto en contenido y forma. Se llegó a una revisión en que todos estaban de acuerdo.

     Los siguientes pasos a dar, con relación a los estatutos, era realizar todas las correcciones para contar con un texto oficial. Traducirlo y proceder a la incorporación de la organización, de lo cual se encargaría Carmen Guerrero.

     Durante la reunión, la Sra. Judy Conley, ex presidenta de UBE, ofreció una información sustanciosa de la historia de esa organización. También respondió amablemente a todas las preguntas de los interlocutores.

     Para dar peso y seriedad al acontecimiento, Silvestre sugirió que los presentes debieran ser los primeros en dar ejemplo con una aportación monetaria. Butch, sugirió $100.00 por persona, y todos estuvieron de acuerdo.

     Uno de  los requisitos para poder incorporar una institución es el contar con una Mesa Directiva y una dirección física donde resida (de momento) la corporación. Nadie del grupo deseaba aceptar cargo alguno, pero al final, vista la urgencia, la Mesa Directiva temporal quedó formada de esta manera: presidente, Carmen Guerrero, vicepresidente Isaías A. Rodríguez, tesorero, Enrique Cadena, secretaria/o Anna Lange-Soto, Butch Gamarra, Silvestre Romero, y George Sotelo vocales.

      Al terminar, cada uno asumió una responsabilidad a tomar hasta la primera reunión, que sería a principios de marzo del 2010 para preparar la primera reunión anual tener en septiembre del 2010, en la cual se presentará la Mesa Directiva que puede quedarse y terminar su término de puesto y los otros comités necesarios.

 Regresar al Inicio